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Los detectives de los árboles utilizan la tecnología para resolver los crímenes de la madera

martes, 7 de mayo de 2019

© FSC GD / Arlene Chang

Los científicos se muestran optimistas y creen que las técnicas más innovadoras pueden determinar el verdadero origen de la madera.

Por Aisling Irwin, Revista Nature

Cuando 420 toneladas de troncos de color carmesí llegaron a un puerto de Sri Lanka en abril de 2014, los funcionarios de aduanas no pudieron evitar mirarlos con sospecha. La madera estaba en camino desde Zanzíbar en Tanzania a Hong Kong, donde probablemente su destino sería convertirse en muebles caros para el mercado chino. No obstante, un aviso de la Interpol, organización policial internacional, alertó a las autoridades de Sri Lanka de que los 3669 troncos de palo de rosa provenían de Madagascar, que había prohibido esas exportaciones en 2010.

Para probar el origen del palo de rosa, las autoridades de Sri Lanka enviaron muestras a un laboratorio de Oregón que estaba probando una nueva herramienta en la lucha contra la tala ilegal: un espectrómetro de masas de 200.000 dólares. En cuestión de segundos, los científicos del laboratorio forense del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos en Ashland determinaron que la madera tenía la firma química distintiva de una especie de palo de rosa de Madagascar, por lo que no era madera legal para la exportación.

Tras una disminución a principios de la década del 2000, el comercio de madera talada de forma ilegalmente está aumentando de nuevo. La Interpol estima que entre el 15% y el 30% del comercio mundial de madera infringe la legislación nacional o los tratados internacionales. En algunos países tropicales, como República Democrática del Congo, Laos y Papúa Nueva Guinea, la madera ilegal podría representar más del 70% de la producción nacional. Este mercado representa un valor de entre 10.000 y 100.000 millones de dólares al año, según un informe de 2016 de la Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal de Viena.

Algunos países de altos ingresos -entre ellos Estados Unidos, Corea del Sur y la Unión Europea- han prohibido la importación de madera procedente de fuentes ilegales y de productos fabricados a partir de ella, y han obligado a los importadores a demostrar que sus suministros proceden de fuentes fiables. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), acuerdo internacional suscrito por 183 países, prohíbe o restringe el comercio de las especies más amenazadas. En 2016, añadió a la lista todas las especies de palo de rosa pertenecientes al género Dalbergia.

Estas iniciativas sugieren que las importaciones ilegales de madera están prosperando, en parte porque el crimen es sumamente difícil de descubrir. Desde Brasil y Madagascar hasta los Cárpatos de Europa, los árboles se mueven del bosque a la sala de estar a través de rutas serpenteantes, con giros y argucias a través de las cuales se puede esconder la madera ilegal. Una sola pieza de madera contrachapada puede contener 18 maderas tropicales diferentes. Un roble aprovechado de forma ilegal en Rusia puede viajar a Vietnam para convertirse en una mesa, y cuando llega a un minorista estadounidense, su origen ha cambiado misteriosamente.

© FSC GD

El rastro de documentos que acompañan a la madera son notoriamente fáciles de manipular. Por lo tanto, los encargados de luchar contra el comercio ilegal, y las empresas que ahora se ven obligadas a tomar medidas enérgicas contra el mismo, están recurriendo a tecnologías que pueden detectar las firmas de la madera ilícita. Los científicos están desarrollando un conjunto de herramientas que pueden identificar la especie y el país, e incluso la región de donde proviene. Gracias a los avances en la toma de huellas dactilares químicas y genéticas, ya es posible determinar dónde creció un árbol, a veces hasta se puede llegar a una zona de bosque en particular. Algunas de estas herramientas ya se están utilizando para atrapar a los delincuentes.

Existen una serie de obstáculos difíciles de salvar que están impidiendo el uso rutinario de estas técnicas, de los cuales uno de los más grandes es la falta de muestras de referencia con las que comparar la madera sospechosa. Sin embargo, ya contamos con señales de progreso hacia el desarrollo de una biblioteca de los bosques del mundo. En febrero, el gobierno de Estados Unidos y varios socios internacionales declararon que destinarían recursos a la recolección y conservación de miles de muestras de árboles georeferenciados.

"Estoy convencido de que en cinco o diez años se podrá saber exactamente de dónde proviene cualquier producto de madera", señaló Phil Guillery, jefe de integridad de la cadena de suministro de Forest Stewardship Council (FSC), entidad de certificación voluntaria en Bonn, Alemania, y una de las fuerzas detrás de la iniciativa de la biblioteca. "No se puede engañar a la ciencia".

Esta historia fue publicada originalmente por la revista Nature.

Para obtener más información sobre el papel de FSC en esta labor de identificación de la madera, consulte:


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